Do, re, mi, re, do, do, re, mi…

26 ene

Hay una frase famosa y muy cierta que dice: “Hay tres tipos de personas, los que saben contar y los que no”, para los que me han leído ya saben que pertenezco a los que no saben. Pero esos no son los únicos tipos de personas, también están  “Los que tienen aptitudes artísticas  y los que no”…

Corría el año 1991 y Colombia atravesaba por el mayor cambio político de su historia, tránsito a una nueva constitución, procesos de paz, apertura económica y yo era una dulce polluela de 6 añitos. Se acercaba la época navideña y era la hora de elegir los regalos, no recuerdo muy bien, pero tal vez yo quería una muñeca, o un Tiburón Tragón, u Operación; juegos típicos de aquella época que ustedes recordarán. Pero ese año, el querido niño Dios, no me trajo ninguno de esos juegos, ¿Saben por qué? Pues, porque yo le pedí otra cosa.

Cuando uno tiene hermanos, ellos ejercen una enorme influencia sobre las decisiones de esas tiernas edades, y en aquella ocasión mi hermano mayor, con artimañas maquiavélicas y aprovechándose de mi inocencia, me persuadió de pedirle al niño Dios una organeta.

Me convenció con argumentos certeros: me mostraba en los libros fotos de pianistas, me mostraba en televisión los conciertos y me decía que yo podría ser como esos tecladistas. En mi mente infantil me imaginaba sentada tocando un piano de cola dando grandes conciertos en un teatro lleno de gente,  como los conciertos de Elton John. Finalmente accedí.

Pero llegó el momento que yo no me esperaba, era algo que yo no había calculado al momento de pedir el diabólico regalo: LAS CLASES.

Clases que no hubieran sido tan infortunadas si yo fuera una de esas personas con talentos artísticos. Esa organeta se convirtió en el peor castigo auto impuesto que me propiné en la vida. Me tuve que someter por culpa de mi hermano a soporíferas clases por las tardes, mientras oía los gritos de mis amigos del barrio jugando en el parque, ellos jugaban con bombas de agua y montaban patines en la calle, mientras yo estaba en mi casa dándole a esa maldita gata golosa, DO, RE, MI, RE, DO, DO, RE, MI,DO, RE, DO, FA, MI, RE.

Mi talento era tan exiguo, que el profesor perdió toda esperanza conmigo y abandonó el estudio del pentagrama, y con pedacitos de cinta de enmascarar marcó el teclado con sus respectivas notas, me hacía repetir en voz alta las notas para que al ritmo de mi voz, fuera tecleando y mis papás creyeran que sí estaba aprendiendo.

No estoy muy segura, creo que duré todo un año en clases, pero mi debut final en la siguiente navidad nunca llegó. Me decidí por una “fonomímica” de Gloria Trevi, mi ídolo de ayer y hoy.

Pero ahí no llegó el derroche de mi talento artístico, mi papá usó sus influencias políticas para obligar a la profesora de música del colegio a darme una “Curul” en la Tuna. Me dieron una  guitarra, que obviamente yo no sabía tocar y la profesora pacientemente trataba enseñarme la nota Mí, mis dedos eran tan tiesos como una yuca, y además para los que han visto una tuna (yo sé que es una ridiculez) saben que es organizada. Para colmo de males, soy zurda y  arruinaba la armonía estética de la “estudiantina”. La profesora optó por decirme que cogiera la guitarra como las derechas, pero sin tocar las cuerdas y simplemente fingiera. No es tan fácil como parece, mover las manos y bailar al tiempo es algo bastante complicado; poco a poco me fueron delegando a instrumentos más pequeños y escondidos como el triángulo, que tenía en la varita un pedazo de silicona, para que no sonara o las castañuelas completamente cerradas.

Finalmente, pasé a ser una de las que sólo baila y grita Olé!

En las presentaciones del colegio, a mis papás les brillaban los ojos de la felicidad de ver a su pequeña artista, pensando  ingenuamente que yo era una de esas personas talentosas y que saben sumar.

 

2 comentarios hacia “Do, re, mi, re, do, do, re, mi…”

  1. lilianamorales 26 enero, 2012 a 8:55 PM #

    super chevere tu historia, muy comunmente suelen suceder estas cosas y uno las hace para complaser a los padres,,,,pero son etapas que pasan y queda de ella es una buena anecdota que contar,,y reir de ella….

  2. Camilo Berbeo 28 febrero, 2012 a 12:03 PM #

    La niñez de esa generación (de la cual hago parte también) era tan particular por ese desmedido amor y orgullo de los padres que en algunos fue atroz para nosotros. Yo pasé por todo lo contrario, es posible que haya tenido talento musical, el cual mis padres poco quisieron explotar a cambio de juegos de química. Es más!! mi padre en su afán por tener un hijo de ciencia casi comete una atrocidad creyendo que ponerme el nombre de un físico aleman (que creo que ni él sabe como pronunciar) me motivaría a serlo. Hoy en día soy un remedo de músico frustrado y me dedico a las ciencias sociales…

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